He pérdido mucho.
Hoy me encuentro con solo mis pies, que me ayudan a seguir caminando. Soy sincera y he pensado no seguir avanzando y perder también los pies, pero no...
La cabeza la perdí en un accidente de miradas, un choque con derrame de sangre violeta y aromas sorpresivos. Me diagnosticaron reposo absoluto. Sin abrir los ojos y un sin fin de frases sin decir, ni mucho menos leer, condenada a estar a ojos cerrados, tanteando el mundo solo con mi boca y con mis manos.
Las manos y brazos los perdí después; desgarro intenso, producto de un abrazo infinito, un abrazo final con ganas de reencuentro y ansias de golpear. Desprendimiento de piel, en fin...no los necesitaba mucho, lo único extraordinario que podía hacer con ellos era abrazar y apretar hasta el cansancio muscular, pero confieso que los extraño.
El cuerpo terminó por dejarme, huyó de mí. Supongo que se asusto luego de experimentar ciertas caricias y besos enloquecidos. No tenía a su amiga cabeza para cuestionarse, pero aún así, sentía miedo. Los escalofríos terminaron por espantarlo y simplemente...me dejó. La última vez que ví mi espalda fue cuando a lo lejos la observe corriendo hasta desvanecerse.
Y me quedan los pies, de vez en cuando tiemblan y retroceden. Extrañan y extrañan y extrañan, pero a pesar de todo; de las perdidas y de todo lo demás, quieren seguir caminado. Seguir avanzando sin detenerse.
Me confesaron que no se rinden con nada.
Pudiste haber perdido mucho y extrañar demasiado...pero no te rindas ¡por favor!
Hay ciertas "cosas" que desaparecen y se esfuman entre tantas palabras, entre tantas promesas.
Pierdete si quieres, pero siempre vuelve a tu camino, ahí estarán mis pies por si quieres que te enseñen a seguir avanzando...


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